Presentación de la II Encuesta sobre Niñez y Género

Intervención de la Red Pro Cuidados, a través de Clara Fassler, en la mesa de presentación de la segunda Encuesta sobre niñez, uso del tiempo y género en el marco de la emergencia sanitaria, desarrollada por UNICEF y ONU Mujeres Uruguay en 2021.

***

En cuanto a las relaciones de género ha puesto de relieve la existencia de la división sexual del trabajo, la sobrecarga de trabajo no remunerado de las mujeres (trabajo doméstico y trabajo de cuidados), su mayor vulnerabilidad en el mundo del trabajo remunerado y su menor autonomía económica respecto de los varones. La suma del déficit de cuidados que fue y es atendido principalmente por mujeres en sus hogares más la disminución del trabajo remunerado y el cambio en las condiciones del mismo (teletrabajo,) se han conjugado negativamente aumentando las diferencias de género y las dificultades de estas para insertarse en el mundo del trabajo remunerado.

Todo esto se muestra con claridad en la presente encuesta que también señala algunas modificaciones positivas respecto del año anterior: recuperación parcial del trabajo remunerado, disminución del trabajo de cuidados por apertura de los centros de cuidado y educativos, ligera disminución del teletrabajo. Sin embargo, la división sexual del trabajo se mantiene y las mujeres siguen aceptando cuidar, aunque implique serios obstáculos para su desempeño laboral. Concordamos con los encuestadores al interrogarse sobre la discordancia entre percepción de sobre carga de trabajo no remunerado y la aceptación de esta situación por hombres y mujeres.

Respecto de los niños, niñas y adolescentes, es preciso señalar que un 21% de los NN de 0 a 3 años viven en situación de pobreza y más del 50% no acceden a servicios de cuidados según palabras del presidente del INAU. La encuesta actual, al igual que la del año pasado, no incluye la franja de 0 a 2 años, tramo de edad que requiere de muchos cuidados y en los que las diferencias de género son muy marcadas. La maternidad afecta negativamente a las mujeres en el empleo (56% de mujeres ocupadas vs 96% varones ECH) .Sería interesante que en próximas encuestas se incluyera este tramo de edad para conocer con mayor profundidad si las modalidades de cuidado han permanecido invariables o han cambiado. Pensemos en la enorme cantidad de abuelas que no han podido ejercer como cuidadoras por el confinamiento mayor a que han estado sometidas. Pensemos también en las licencias y su aprovechamiento por parte de los varones.

En relación a 2020 las medidas de confinamiento se han mitigado de manera diferencial según el tramo de edad. Paulatinamente y todavía menos que en tiempo de prepandemia (50% menos ), las franjas de 2 a 5  y la de 6 a 12 años están concurriendo a los centros de cuidado y educativos En cambio, los adolescentes entre 13 y 17 años solo muy recientemente inician su educación de manera presencial y por pocas horas salen de sus hogares (1/6 del tiempo prepandemia). Los impactos educativos son diferenciales según tramo de edad y quintil de pertenencia. Las poblaciones vulnerables  económica y socialmente son las que experimentan mayores obstáculos en sus procesos educativos debido fundamentalmente a la falta de conectividad y de dispositivos, pero también a carencias contextuales de todos conocidas: insuficiente apoyo familiar, obligaciones alternativas como el cuidado de hermanos menores, etc.

El confinamiento prolongado de los adolescentes ha aumentado la brecha educativa de acuerdo al poder adquisitivo y educacional de sus familias.

Seguramente el confinamiento prolongado ha incidido en el estado de salud mental de todos los NN y adolescentes produciendo alteraciones físicas y sicológicas que inciden en su desarrollo. Alteraciones del humor, del sueño, ansiedad, depresión son algunos de los síntomas más frecuentes. Por otra parte, incide también el confinamiento en la convivencia observándose un aumento de la violencia intrafamiliar y de los abusos sexuales cuyas principales víctimas son mujeres y niños y adolescentes.

Todos estos impactos negativos de la pandemia nos indican la necesidad de fortalecer las políticas sociales en general, especialmente las dirigidas a las poblaciones vulnerables y vulneradas generando aumentando la cobertura de los servicios existentes, generando  nuevas modalidades de servicios que respondan mejor a las necesidades de las familias y de las mujeres: extensión de las jornadas, horarios flexibles, aumento de la capacidad de inclusión de NN y adolescentes con capacidades diferentes, programas de acompañamiento de las familias, etc.

Los problemas no van a desaparecer automáticamente cuando se recupere la movilidad. Los efectos negativos perdurarán en el tiempo y es necesario generar medidas para enfrentarlos, aún en tiempos de ahorro y restricción presupuestal. Si no las consecuencias van a ser graves, generarán mayor gasto y dejarán secuelas irreparables: embarazos no deseados, deserción escolar, exclusión definitiva de los NN discapacitados del sistema escolar, problemas de salud mental, etc.

La pandemia ha puesto de manifiesto el gran déficit de cuidados existente y sus impactos deletéreos en la vida cotidiana de las personas Las poblaciones atendidas por el sistema han experimentado fuertes impactos que es necesario atender: los efectos sobre las personas con distintos tipos de discapacidad, los efectos del confinamiento prolongadísimo de los ancianos en los establecimientos de larga estadía y en sus domicilios. Todo esto implicará un aumento de las necesidades y demandas de cuidados que no podrán ser satisfechas en exclusividad por las mujeres y las  familias  

Por otra parte, la recuperación y desarrollo del país requiere de mujeres activas insertas plenamente en el mercado de trabajo y con mayor autonomía económica. Sin un sistema de cuidados de amplia cobertura y de servicios de buena calidad esto no es posible. Confiamos en que las autoridades tomen nota de ello. 

Descarga el documento completo