La Red Pro Cuidados fue recibida por la Comisión de Hacienda

El 18 de setiembre, la Comisión de Presupuestos integrada con Hacienda de la Cámara de Representantes recibió a la Red Pro Cuidados para el análisis del Proyecto de Ley de Presupuesto 2020-2024.

Adjuntamos el documento presentado por la Red ante el cuerpo y la versión taquigráfica de la fecha.

Propuestas de la Red Pro Cuidados en el marco de la discusión presupuestal 

Setiembre 2020

El Sistema Nacional Integrado de Cuidados (SNIC), creado en 2015 por la Ley  N° 19.353, a través de los principios, conformación y funciones que en ella se explicitan, responde a una larga y sostenida demanda de la sociedad para que los cuidados a las personas dependientes (niños/as, adolescentes, personas mayores y personas con discapacidad), sean concebidos como un derecho y por tanto el Estado sea garante del cumplimiento de dicho derecho. 

Brindar cuidados universales de calidad y con eficiencia a tan diversas poblaciones implica la articulación de múltiples instituciones públicas y privadas con el objetivo de que actúen de manera conjunta, armónica y regulada. Por ello se define en la ley la conformación del Sistema Nacional Integrado de Cuidados como la herramienta más idónea para alcanzar los objetivos planteados. Definir la política de Cuidados como un sistema es un asunto medular que hace a la esencia de la ley.

La estructura organizativa del SNIC deposita en la Secretaría de Cuidados  la responsabilidad de ejecutar las políticas definidas por la Junta Nacional de Cuidados (JUNACU) conformada por 5 ministerios y 6 reparticiones estatales de jerarquía, que recibe además la asesoría del Comité Consultivo, órgano activo de participación de los distintos estamentos de la sociedad civil.

Para cumplir con sus cometidos la Secretaría debe atender diversas dimensiones. Si bien los servicios son la acción más visible y evidente, estos requieren -para resultar servicios de calidad- de recursos humanos formados y deben estar regulados con normas que aseguren esa calidad. Es decir, además de la creación de servicios, la política implica: formación, regulación, supervisión, monitoreo y evaluación, comunicación e integración de la perspectiva de género a sus acciones, para promover la corresponsabilidad como principio de la organización de los cuidados.  La política debe basarse en conocimientos científicos, que sostengan las decisiones de manera racional y sean comunicados a la población en general y, en especial, a los usuarios, apuntando a la transparencia y la difusión amplia de los derechos.

En el proyecto de Ley de Presupuesto Quinquenal, actualmente en discusión parlamentaria esa política pública no se menciona por su nombre, con lo cual se invisibiliza su existencia y esencia. Tampoco se nombran los programas que incluye, lo que imposibilita evaluar el alcance de los recursos presupuestales que se les asignan.

La ausencia del Plan Nacional de Cuidados, que prescribe la Ley 19.353 y cuyo plazo de presentación venció a fines de junio, impide la transparencia requerida. Cabe recordar que el Plan anterior fue elaborado con participación de organizaciones de la sociedad civil que trabajan en el tema, entre ellas la Red Pro Cuidados.  

Es  necesario mantener la institucionalidad,  jerarquía y autonomía del SNIC,  que, como fue dicho, abarca más organismos que la Secretaría y que se ve amenazada por la propuesta de unificación de dicha Secretaría con la de Discapacidad.

Además, para el funcionamiento efectivo del SNIC se requiere que su Secretaría cuente con la dotación de personal suficiente y técnicamente capacitado.  Aunque el gobierno afirma que se mantienen las partidas presupuestales para todo el quinquenio, tomando como línea de base las de 2020, al no indexarlas en los sucesivos años por el porcentaje de inflación, esas partidas se reducen automáticamente.

Esta reducción presupuestaria va a impactar en los diferentes programas.  A continuación mencionamos algunas de  las preocupaciones de la Red Pro Cuidados vinculadas directamente con el proyecto de Presupuesto Quinquenal según las distintas poblaciones atendidas por el Sistema. 

Infancia 

Si no se continúa el programa de creación de nuevos centros de primera infancia, en particular en el marco del acuerdo para la construcción y el mantenimiento de nuevas infraestructuras en la modalidad público/privado, y no se crean nuevos cargos docentes y no docentes para que puedan funcionar, por lo que peligra la universalización de la atención de niños/as de tres años en el ámbito del consejo de Educación Inicial y Primaria (CEIP).

También es necesario asegurar la sostenibilidad presupuestaria para la atención diaria de 0  2 años en el ámbito del plan CAIF y otras modalidades implementadas por el SNIC, como las Casas Comunitarias de Cuidados, los Centros de Educación y Cuidados Siempre creados en convenio con sindicatos y empresas, los espacios de cuidados para hijos/as de estudiantes de enseñanza media, las becas de inclusión socio educativas (BIS) para centros privados habilitados  y la ampliación prevista de los CAPI, centros gestionados directamente por el INAU que atienden poblaciones de 0 a 3 años en situación de extrema vulnerabilidad. 

Genera alarma la decisión de traspasar al INAU la supervisión de los 399 centros privados de educación y cuidados hasta ahora efectuada por el MEC, siendo que el INAU ya tiene déficit de personal técnico en todo el territorio.

Por otra parte y teniendo en cuenta que el 80% de la población atendida por el INAU se realiza en convenio con organizaciones de la sociedad civil, facultar al organismo a abonar en pesos uruguayos y no únicamente en UR como hasta ahora, puede afectar seriamente la atención brindada, en la medida que congelaría las remuneraciones.

Dependencia

Dentro de esta categoría se incluyen personas con discapacidad, tanto niños/as como adultos/as; y personas mayores que tienen dependencia severa para cubrir sus necesidades cotidianas. El programa de Asistentes Personales constituye un elemento básico para asegurar cuidados domiciliarios de calidad a  estas personas.  Este programa ha sido altamente valorado tanto por las personas dependientes como por sus familiares, particularmente las mujeres sobre las cuales habitualmente recae la responsabilidad y así disponen de tiempo para dedicar a actividades remuneradas, estudios y otras que contribuyan a su mejor desarrollo. 

Por otra parte, constituye una herramienta poderosa para generar empleo, tanto de las mujeres de las familias como  de las cuidadoras, que también son mayoritariamente mujeres, y así acceder a trabajos reglamentados y remunerados. En este sentido, el fomento de formatos de provisión colectiva del cuidado -tales como cooperativas de trabajo- es visto como una línea de trabajo que se debe potenciar. La reducción de este programa, especialmente en la coyuntura actual, tendría un efecto nocivo en el empleo femenino con las consecuencias que el mismo suele generar.

Si bien desde las autoridades se afirma que se mantendrá el programa, debe  asegurarse el financiamiento como mínimo de la cantidad de asistentes personales actuales, así como la reposición de los binomios cuando hay bajas.

Un requisito  indispensable para asegurar la calidad de la asistencia es la  formación de quienes vayan a cuidar  Para esto se requiere sostener la oferta de INEFOP y buscar alternativas con UTU u otras entidades educativas.

Es especialmente importante desarrollar la formación en la atención a las distintas formas de discapacidad. Si bien es una recomendación internacional que los niños y niñas y jóvenes con discapacidad se integren a la educación formal esto requiere de acompañamiento por parte de asistentes y docentes que requieren formación específica.  La formación, por tanto, es un componente del sistema que requiere contar con los medios específicos para desarrollarse en todas sus dimensiones.  

Otras líneas de atención a la dependencia y que es necesario mantener son  los Centros de Día ya creados en diversas partes del país, así como impulsar la existencia de otros, entre otras modalidades con apoyo de recursos territoriales, sin descuidar la calidad técnica del personal a cargo. 

En relación a los Establecimientos de Larga Estadía para personas mayores, hasta ahora fiscalizados tanto por el MSP como por el MIDES, parecería quedar ésta solamente en el MSP ya que se menciona que estará a cargo de la normativa sanitaria.  No figura en el presupuesto algo similar en el MIDES. que tenía a su cargo la fiscalización en materia social. Tampoco se incluye la tarea de certificar las competencias para validar capacidades y cumplir metas de capacitación en servicios como los ELEPEM.  Esto hace peligrar la calidad de los mismos.

Paralelamente, se plantea la reducción de las pensiones por asistencia a la vejez a cargo del MIDES y el cambio en la adjudicación de las mismas a través de la suspensión de las visitas a los hogares y su sustitución por declaraciones juradas electrónicas. O sea, perjuicio económico para los beneficiarios y lo que puede constituir un escollo para una población que no maneje las herramientas tecnológicas.

En la actual coyuntura de crisis sanitaria, económica y social, debería considerarse el aporte de los cuidados a la reducción del impacto en la economía y en la salud de los hogares del país.  Por lo mismo consideramos que es necesario  mantener el presupuesto pero en valores reales indexados al costo de vida o en unidades reajustables.  Muy posiblemente aumente la demanda de cuidados por parte del Estado por la situación de quienes no se los pueden financiar personalmente por lo cual debería considerarse también la ampliación de los servicios.

Aportes y propuestas RPC Presupuesto

20.09.18 – Acta Taquigráfica de la Comisión Hacienda

COVID, género y cuidados

Covid, género y cuidados

¿Qué cambios trajo el COVID-19 a los hogares uruguayos? ¿Avanzamos en compartir puertas adentro las responsabilidades entre hombres y mujeres? ONU Mujeres y Unicef realizaron una encuesta junto con Opción Consultores en abril de 2020 para medir distintas variables sobre niñez, género y uso del tiempo en el marco de la emergencia sanitaria. La Red Pro Cuidados, organización de la sociedad civil de segundo grado que viene impulsando las políticas de cuidado en el país, junto a ONU Mujeres realizaron un análisis de los resultados del estudio que evidencia las profundas asimetrías que existen en los hábitos domésticos e inserción laboral entre hombres y mujeres en las familias uruguayas, las que se vieron reforzadas a consecuencia de la pandemia.

Para hacer posible la sostenibilidad de la vida, las personas requieren de distintos cuidados en algún periodo de su existencia. El cuidado se considera necesario hasta que el individuo alcanza la edad de 12 años. Asimismo, la dependencia puede darse en otros momentos tanto en personas jóvenes afectadas por discapacidades como en personas mayores que hayan perdido niveles de autonomía para desarrollar sus actividades cotidianas.

Datos en pandemia

En una primera instancia, conviene destacar que el estudio Encuesta sobre niñez, género y uso del tiempo en el marco de la emergencia sanitaria, publicado en mayo 2020, confirmó el aumento en el número de horas que niñas, niños y adolescentes transcurrían en sus hogares, contrastando los datos de ese entonces (última semana de abril) con los guarismos constatados en mediciones previas a la pandemia declarada el 13 de marzo de 2020. Esta situación fue producto principalmente del cierre de los establecimientos educativos, sumado a la apelación extendida a la ciudadanía de permanecer en sus casas, de manera de reducir las posibilidades de contagio. De las cinco o seis horas promedio por día que niñas/os y adolescentes se encontraban anteriormente fuera del hogar, pasaron abruptamente a tan solo 20 a 25 minutos al día. Este hecho implica indudablemente la necesidad de una mayor dedicación y cuidado por parte de las personas a cargo.

En simultáneo, en un intento de salvaguardar la vinculación con el sistema educativo y para contrarrestar la falta de clases presenciales, los centros educativos implementaron tareas domiciliarias para sus estudiantes, lo que significó un incremento del tiempo dedicado a tales menesteres de un 36% en promedio (escuelas públicas 28% y centros privados 67%). Esta nueva demanda trajo consigo la necesidad de una mayor dedicación al acompañamiento de niñas y niños.

A su vez, el apoyo familiar y/o externo, tanto remunerado como no remunerado, se vio reducido drásticamente por razones sanitarias: el apoyo de familiares en cuidado (en la mayoría de los casos son abuelas/os quienes asumen el cuidado de los menores) se retrajo en un 74% y la ayuda doméstica remunerada se redujo en un 66%. Esto obligó a las familias a resolver la situación de manera interna, lo que derivó en la implementación de nuevas estrategias de cuidados.

El estudio exhibe que existió un incremento de la dedicación de parte de las personas adultas que integran los hogares al trabajo no remunerado. La brecha de género relativa se mantuvo estable, ya que mujeres y hombres aumentaron aproximadamente el mismo porcentaje de trabajo no remunerado en comparación al que realizaban previo a la pandemia. Sin embargo, para los niveles educativos bajos, se destaca que la dedicación al trabajo no remunerado por parte de los hombres se mantuvo estable pre y post pandemia. Esto se traduce en que fueron las mujeres las que asumieron el aumento de horas de trabajo no remunerado que trajo consigo este nuevo escenario. A su vez, de esta constatación se podría inferir que en determinados niveles socioculturales los mandatos de masculinidad del varón proveedor/mujer cuidadora se encuentran más arraigados que en otros.

La pandemia visibiliza realidades y percepciones marcadamente diferentes acerca de la sobrecarga de las tareas en el hogar, ya que un 20% de las mujeres declaró sentirse muy o bastante sobrecargada, mientras que solamente un 4% de los hombres lo percibió de igual forma. Sin embargo, el 93% de los hombres y el 95% de las mujeres expresaron sentirse conformes o muy conformes con la forma en la que las tareas se habían distribuido al interior de los hogares. La incongruencia de estos datos podría estar vinculada a la predominancia de fuertes mandatos de género arraigados en nuestra sociedad, aun con una clara diferencia de conformidad, que asume la distribución tácita de las tareas con arreglo a la mera división sexual del trabajo.

Algunas conclusiones

Debido a los mandatos sociales y a la división sexual del trabajo imperante en nuestra sociedad, los cuidados han recaído históricamente sobre las mujeres. En consecuencia, culturalmente se han visto asociadas al ámbito privado y a realizar básicamente tareas no remuneradas, en contraposición a los hombres, quienes han sido impulsados a ocupar los espacios públicos y remunerados.

Con la paulatina y creciente incorporación de las mujeres al ámbito laboral se han logrado avances en su empoderamiento económico. Sin embargo, no ha sucedido lo propio en lo que a corresponsabilidad refiere, ya que una gran parte de los hombres no ha asumido aún un mayor número de tareas no remuneradas.

Esta división sexual del trabajo más acentuada en los niveles educativos bajos ha provocado una gran desigualdad entre hombres y mujeres, viéndose estas últimas afectadas en su desarrollo y ejercicio de derechos tanto en lo personal como en lo económico. Por esta razón, todo Estado que procure la igualdad deberá atender las distintas necesidades de cuidados de la población en general y buscar una mayor corresponsabilidad de género en las tareas de cuidado.

¿Hacia una nueva normalidad?

La pandemia ha demostrado una vez más que en contextos de crisis son las mujeres, en una medida superior a la de los hombres, aquellas que pagan más rápidamente el precio con mayor desocupación y por ende sufren una más pronunciada pérdida de ingresos. Como consecuencia del incremento en la demanda de cuidados, son las que han asumido más horas de trabajo no remunerado, ampliándose de esta forma la brecha entre hombres y mujeres. Se evidencia que los mandatos de género y la división sexual del trabajo continúan presentes y afloran como el primer argumento en los hogares para que las mujeres abandonen los trabajos remunerados para pasar a hacerse cargo de los cuidados a la interna de estos. Contribuye a esto, las brechas salariales existentes.

Este es también un asunto de los hombres, quienes no asumen una corresponsabilidad equitativa llegando al extremo, como lo muestra el mencionado estudio para el caso de los niveles educativos más bajos, de no asumir más horas de tareas de cuidado dentro del hogar aun habiendo disminuido ampliamente las horas dedicadas al trabajo remunerado. Este dato evidencia que el mensaje del necesario cambio cultural para la igualdad de género no logra permear algunos estratos, y en aquellos que sí lo hace no consigue alcanzar una suficiente incidencia. Avanzar en la nueva normalidad hacia una nueva masculinidad es un imperativo social.

En este escenario una cuota de esperanza proviene de la Encuesta Nacional de Adolescencia y Juventud 2018 del INJU-MIDES, donde las percepciones sobre igualdad de género mejoran sensiblemente respecto al mismo relevamiento en 2013. Entre otros índices destacan el desacuerdo a la idea de que la crianza es tarea principalmente de mujeres, que crece de 54% a 74%, al tiempo que la oposición a la idea de que las mujeres deberían elegir carreras que no interfieran con su proyecto de familia también aumenta de 51% a 64%.

Otro actor relevante en la desigualdad que genera la pandemia es el mercado laboral y las empresas contratantes. La falta de perspectiva de género y políticas de conciliación y corresponsabilidad en la gestión empresarial continúan reproduciendo las brechas entre hombres y mujeres trabajadoras. Brechas salariales, sesgos en las contrataciones, procesos de toma de decisiones sin perspectiva de género, entre otros, terminan segregando a las mujeres del ámbito laboral, resultando las más vulnerables frente a las crisis y en condiciones propensas a perder o abandonar los trabajos remunerados.

ONU MUJERES y CEPAL presentaron el pasado 19 de agosto el documento Cuidados en América Latina y el Caribe. En tiempos de covid-19. Hacia sistemas Integrales para fortalecer la respuesta y la recuperación que fundamenta la relevancia que tienen los cuidados para las sociedades, caracteriza la situación actual de los cuidados en América Latina y el Caribe y describe los impactos generados por la crisis del COVID-19. Este policy brief destaca el avance de Uruguay en esta línea, cuyo modelo de Sistema Integral Nacional de Cuidados, creado en 2015, emerge como uno de los ejemplos en la región.

Finalmente, el documento recomienda medidas y planes de contingencia para mitigar los impactos inmediatos de la pandemia y los planes de recuperación socio económica coloquen a las políticas de cuidados en el centro de la respuesta al COVID 19 ,ya que la nueva normalidad implicaría cambios importantes en las modalidades de escolarización y trabajo. Las medidas deberían formar y educar, con efectos perdurables en la vida adulta; crear empleo de calidad sobre todo para las mujeres de bajos recursos para que tengan oportunidades de formación y condiciones laborales adecuadas y a la vez incrementar la tasa de participación laboral de las mujeres ya que la liberación de horas de trabajo no remunerado permite a muchas mujeres su permanencia o ingreso al mercado laboral.

Ambos organismos, así como la Red Pro Cuidados, llaman a los gobiernos de la región a colocar los cuidados en el centro de sus respuestas al COVID-19, creando paquetes de incentivos y recuperación, promoviendo sistemas integrales que aseguren el acceso al cuidado de las personas que lo requieren y garantizando los derechos a las personas que se hacen cargo de este trabajo. Los principales desafíos son asegurar que los servicios de cuidados sean considerados prioritarios, permitiendo su continuidad y brindando así opciones para hacer frente al incremento de la carga de trabajo no remunerado de las familias y para el cuidado de las personas dependientes; expandir la protección de las personas que desempeñan tareas de cuidado tanto de forma remunerada como no remunerada; promover la flexibilidad a través de medidas para faciliten que los trabajadores y trabajadoras con responsabilidades de cuidado, puedan compatibilizarlas con el trabajo remunerado. Y por último, pero no por eso menos indispensable, fomentar una mejor distribución de las responsabilidades de cuidado entren hombres y mujeres, a través de campañas que promuevan este compromiso y aboguen por un profundo cambio cultural.

ONU Mujeres y Red Pro Cuidados.

Publicado originalmente el domingo 13 de agosto de 2020 en El País