Cuidados y trayectorias educativas: estrategias de cuidado infantil de mujeres jóvenes en contextos de vulnerabilidad socioeconómica

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El artículo fue elaborado por Sol Scavino junto a Fernanda Ferrari y forma parte de la revista Feminismos de la Universidad Federal de Bahía, la investigación que habilitó esta publicación fue producto del trabajo realizado junto a Fernanda Ferrari, y fue financiado por el Banco Interamericano de Desarrollo (BID) en Uruguay.

El trabajo de investigación analiza cómo son las estrategias de cuidado infantil de niños hasta 4 años desarrolladas por mujeres de alta vulnerabilidad socioeconómica en Montevideo. Scavino explica que «se han constituido dos grupos: uno de mujeres que sostienen un proyecto educativo en enseñanza media y otras que no siguieron su trayectoria educativa, siendo que todas tienen hijos pequeños a cargo».

La metodología cualitativa consistió en «entrevistas para indagar en la dimensión subjetiva del cuidado y de género», completando este análisis con datos de la Encuesta Nacional de Desarrollo, Nutrición y Salud Infantil (2013) «para conocer elementos estructurales que pueden ser relevantes en la configuración de las estrategias de cuidado como son el tiempo, la utilización de servicios de cuidado, la corresponsabilidad en los cuidados con sus parejas en el caso de las que estudian y no estudian», explica la investigadora.

El artículo forma parte de un Dossier, coordinado por la socióloga argentina, Inés Perez y la socióloga brasileña Soraia Mello, con diversidad de trabajos sobre la heterogénea realidad latinoamericana en torno a la vivencia de las desigualdades de género y su nudo crítico en el trabajo de cuidados y doméstico.

 

Descargue el trabajo:  CUIDADOS Y TRAYECTORIAS EDUCATIVAS

Fuente: Facultad de Ciencias Sociales – Foto: Presidencia

Invertir en cuidados mentales es bueno para la salud y la economía

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El Atlas de Salud Mental 2017 revela que, a pesar de los avances que muchos países han experimentado en la planificación y elaboración de políticas, todavía se observa un déficit de trabajadores cualificados y una falta de inversión en servicios sanitarios destinados a personas con problemas de salud mental.

Shekhar Saxena, director del departamento de Salud Mental y Uso Indebido de Sustancias Adictivas de la ONU señalo que “la última edición del Atlas de Salud Mental proporciona más pruebas de que no se están ampliando los recursos para salud mental lo suficientemente rápido”.

Las convenciones de derechos humanos abogan por una transición de los centros psiquiátricos a los servicios comunitarios y exigen que quienes sufren trastornos mentales puedan participar en las decisiones que les afectan. Sin embargo, solo el 39 % de los miembros de la Organización Mundial de la Salud cuentan con políticas acordes con estas ideas.

Además, existe una tasa de nueve trabajadores de salud mental por cada 100.000 habitantes, con una diferencia de un especialista sobre la misma población en los países con bajos ingresos y de 72 en las naciones de altos ingresos.

“No invertir en salud mental con urgencia supondrá costes sanitarios, sociales y económicos a una escala que rara vez se ha visto,” indicó el representante.

Cada dólar invertido en tratamientos para problemas mentales, como la depresión o la ansiedad, supone un retorno de cuatro dólares en mejoras de salud y capacidad de trabajo. De hecho, se ha calculado que la falta de reconocimiento de estos padecimientos y de acceso a cuidados genera pérdidas por valor de un billón de dólares cada año.

El Plan de acción sobre salud mental 2013-2020 busca mejorar la atención ambulatoria en hospitales generales en lugar de priorizar los centros exclusivamente psiquiátricos, que habitualmente se asocian a malos resultados sanitarios y violaciones de los derechos humanos.

Recursos financieros

La deficiente financiación de la atención psiquiátrica provoca que gran parte de la población mundial no pueda acceder a estos cuidados.

Según el informe, los gobiernos gastan una media de 2,5 dólares per cápita en salud mental y existe una gran diferencia entre los de bajos ingresos, que invierten menos de un dólar, y los de altos ingresos, donde el gasto asciende a ochenta dólares. De hecho, en las regiones de África y Asia Sudoriental se invierten alrededor de diez centavos per cápita.

Además, la mayor parte del gasto se destina a centro psiquiátricos, por lo que solo sirve a una reducida proporción de la gente que requiere atención.

El documento también señala que, en más de un tercio de los países, los cuidados y tratamientos para las personas con graves trastornos mentales no están cubiertos por el seguro nacional de salud o los sistemas de reembolso.

Fuente: Noticias ONU