Árboles de un mismo bosque

mother-429158_640Especialista considera que el principal reto del Sistema de Cuidados es avanzar en la segmentación, más que en la universalidad.

Uruguaya de nacimiento, Juliana Martínez, socióloga e integrante del Centro de Investigación y Estudios Políticos, reside hoy en Costa Rica. Estudiosa del cuidado, lo define como aquella pata de los servicios que “históricamente ha sido olvidada”, tanto en reconocimiento como en remuneración, y que por primera vez empieza a sistematizarse como un área de política pública en la que el Estado está “en falta y atrasado”. “Se sigue pensando que una mamá está disponible a las 10.00 para ir a reunirse con la maestra, que puede llevar al niño o a la niña al sistema de salud a las 14.00; en definitiva, se sigue funcionando con un conjunto de supuestos que cada vez representan la realidad de menos y menos personas”, dijo en una entrevista con la diaria, y remarcó las consecuencias de esto tanto en la equidad de género como en la productividad de las economías.

-En un estudio de 2007 catalogabas al Estado uruguayo como “estatal-proteccionista” respecto de su papel en torno a las familias y al trabajo no remunerado. ¿Qué implica este término y cómo ha cambiado esta relación desde entonces?

-De los 18 países de la región, son los menos los que tienen una trayectoria histórica de invertir muchos recursos en el bienestar de la población. A su vez, en estos ha habido maneras distintas de hacerlo. En Chile, por ejemplo, en los años 80 y 90 se empezó a invertir fuertemente en la formación de capital humano para que luego las personas puedan comprar el manejo de riesgos de su bolsillo, pero en otros países, como Brasil, Uruguay y Costa Rica, se mantuvo un énfasis en la protección del riesgo de manera colectiva. Creo que lo que ha cambiado, y de maneras más contradictorias, es que el esfuerzo de avanzar en que el Estado llegue a la población sigue muy segmentado entre los que estaban incorporados al sistema antes del año 2000 y los que se fueron incorporando luego. Se ha avanzado mucho en toda la región en que las asignaciones familiares lleguen a más personas, pero los montos de estas siguen siendo muy desiguales. También se ha avanzado en que haya más niños en las aulas, pero los que se han incorporado están en las que cuentan con peores docentes, con los que rotan o los que faltan más. Se ha avanzado para que estén en los sistemas de salud, pero de todos modos, acceden a servicios muy básicos y no necesariamente a atención de segundo o tercer nivel si lo necesitan. Está presente la vacuna, pero no necesariamente el trasplante. El principal reto que emerge en la región -y Uruguay no es la excepción- es el de empezar a superar la segmentación, no tanto en la cobertura como en la suficiencia, en términos de acceso y calidad, de las prestaciones y en la equidad de estas. Hoy por hoy, en Uruguay sigue habiendo tres carriles de incorporación: una de mercado, que sigue siendo la mejor solución para el que puede; una estatal-contributiva, que se considera “mejor” que la otra estatal no contributiva, que está asociada a las personas más vulnerables. En un escenario de cierre del ciclo económico y de restricción fiscal, en el que hay menos recursos para distribuir y, por tanto, existe el riesgo de volver a caer en un sálvese quien pueda, viendo el conjunto de la región, Uruguay es el país que está en mejores condiciones de evitarlo, pero, al mismo tiempo, la apuesta de los últimos gobiernos ha sido más por incorporar que por hacerlo de manera igualitaria.

-¿Cómo debería implementarse el Sistema de Cuidados para que la universalidad de la cobertura no se lleve por delante la suficiencia y la equidad?

-Debería evaluarse cómo se logra avanzar de tal manera que el criterio de pobreza de ingresos y de pobreza de tiempo se vayan juntando. Si logramos que las personas accedan a servicios marcadamente distintos, estamos promoviendo una incorporación social importante pero segmentada. También es necesario ver qué es lo que ocurre con los niños de cuatro a 12 años de edad, porque los problemas de cuidado no terminan cuando entran al preescolar; por el contrario, a veces se acentúan. En este caso, uno de los principales asuntos a resolver es el contraturno de la jornada escolar frente a la jornada laboral.

-¿Pensás que, más que actuar focalizadamente, por ejemplo, en aquellas mujeres jóvenes que en un contexto de vulnerabilidad sacrifican sus horas de actividad por el trabajo no remunerado, hay que tender a avanzar en todos los sectores a la par?

-La focalización es un instrumento de afirmación positiva, pero el universalismo es una característica del resultado que estás buscando. La pregunta es cómo priorizar la incorporación de los niños y niñas de esas mujeres -a veces, sus hijos y otras, sus hermanos-, de manera tal que accedan a servicios y estos sean de buena calidad. Una manera eficaz de hacerlo es mezclar a estos niños con otros que no son de contexto crítico. No siempre se puede hacer, pero en el caso de Uruguay es posible hacer mucho más que lo que se está haciendo. Si niños de contexto crítico están yendo a servicios con otros que no lo son, ganan los dos: los primeros porque se están beneficiando del capital social de los otros, y los segundos porque están conociendo la realidad del país y están construyendo un nosotros. La sociedad uruguaya tiene cada vez menos oportunidades de construir cohesión social en espacios de política pública. Para que haya esa mezcla en un CAIF de Pocitos tenés que habilitarlo para que entren también las personas que trabajan allí, no solamente los que residen. En materia de primera infancia Uruguay tiene un problema pequeño por su escala y porque las limitaciones del financiamiento pueden sortearse en tanto se piense en una arquitectura lo más unificada posible desde un punto de vista de prestadores muy diversos, pero con financiamiento muy potente. El Estado interviene pero también lo podrían hacen otros actores, incluyendo el bolsillo de las familias, con criterios de elegibilidad muy amplios, para que los niños y niñas, por ser tales, puedan acceder a una canasta de servicios que esté regulada por el Estado.

-Está sobre la mesa la discusión de si las políticas de transferencias monetarias directas deben ser condicionadas. ¿Cuál es tu opinión?

-Creo que ya tenemos suficiente evidencia de que el condicionamiento no es necesario, que el gran techo de acceso de las familias es la oferta. Las mamás no dejan de mandar a sus hijos a la escuela porque no lo consideren importante, sino porque en la escuela no hay lugar disponible o es de mala calidad. Hemos logrado que millones de niños lleguen a la escuela y los centros de salud, pero no estamos logrando que reciban ahí lo que necesitan. Entonces creo que es hora de condicionar la oferta, no la demanda. Estos programas de transferencias directas “maternalistas” en términos de movilizar la energía de millones de mujeres en la región han permitido articular al Estado con las familias. Por un lado, permitieron visibilizar la enorme cantidad de trabajo que hacemos las mujeres y, en particular, la enorme cantidad de trabajo que hacen las mujeres en condición de pobreza según sus ingresos; pero, al mismo tiempo, cometieron la injusticia de que se instrumentalicen como medios para llegar a los niños pero que no sean en sí mismas sujetas de políticas. Por otra parte, estos programas no han sido exitosos en interrumpir el ciclo intergeneracional de la pobreza; han sido exitosos en mejorar las condiciones económicas del presente. Para hacer lo primero se necesita hacer muchas otras cosas, que tienen que ver con las adultas, en este caso, con las mujeres.

-¿Qué se puede hacer para interrumpir el ciclo?

-Creo que tiene que ver con los programas de empleabilidad, de educación y de generación de oferta de empleo para estas personas, para las madres. Hay que pasar de la noción de la sujeta madre a la sujeta mujer, para que no estén superpuestas. No quiere decir que no sigas haciendo cosas por los niños, pero son dos cosas diferentes. De esta manera se dará inicio a una nueva etapa, en la que trascendamos este maternalismo social de los programas de transferencias monetarias condicionadas. Eso es importante en nombre de la igualdad de género, pero también de la eficiencia del uso de los recursos públicos, porque finalmente necesitamos que estas personas puedan tener un ingreso monetario propio proveniente del mercado laboral o de otros programas de protección social desvinculados de sus hijos; de lo contrario, no habría posibilidad de imaginarnos su autosustentabilidad económica. Me parece que ese es uno de los temas más importantes a resolver en el corto plazo, porque esta discusión tenía lugar en un escenario de expansión, mientras que ahora estamos en una situación de barajar y dar de nuevo.

Virginia Recagno

http://ladiaria.com.uy/articulo/2016/3/arboles-de-un-mismo-bosque/

Yo te cuido

dependent-107079_640En el marco de la implementación del nuevo Sistema de Cuidados en nuestro país, la subsecretaria Ana Olivera recibió la visita de Paula Forttes, directora sociocultural de la Presidencia de Chile, con el fin de realizar un intercambio de experiencias entre el Sistema de Cuidados uruguayo y el programa piloto de cuidados “Chile Cuida”, dirigido a personas adultas mayores.

“En Chile estamos avanzando en sentar las bases de un Sistema de Cuidados y miramos muy de cerca el proceso de Uruguay», explica Paula Forttes.

Chile cuida

Durante su visita a Uruguay Forttes intercambió experiencias con el MIDES y compartió la experiencia del programa piloto Chile Cuida que se desarrolla a través de una de las fundaciones de la presidencia.

El programa comenzó en 2015 en el municipio de Peñalolén y tiene que ver con los cuidados domiciliarios. Se sustenta en el diagnóstico del aumento de la necesidad de cuidados de la población adulta mayor de Chile y en la vulnerabilidad en la que se encuentran las mujeres que cuidan solas.

Además, este modelo de cuidado domiciliario brinda la posibilidad de generar empleo en el territorio. Chile Cuida se localiza en un territorio específico, se seleccionan mujeres que viven en ese territorio, son capacitadas en cuidados y son contratadas para prestar un servicio por horas en un domicilio, “para que la cuidadora familiar pueda tener tiempo disponible para el quehacer que estime conveniente”, expresó Forttes.

La directora chilena explicó que Chile Cuida funciona como marco para el programa de apoyo al “respiro de la cuidadora” que cuenta con psicólogos y grupos de autoayuda. En 2016 el programa se amplió a 5 municipios más.

En paralelo al proceso que se está desarrollando en Uruguay, el Ministerio de Desarrollo Social chileno está haciendo el mismo proceso para establecer los distintos niveles de cuidado infantil, en materia de discapacidad y está desarrollando otros pilotajes.

“La experiencia piloto del Chile Cuida permite ir afinando la división de tareas de los actores involucrados, los protocolos de atención, el seguimiento laboral del personal que se desempeña, la cantidad de horas de contratación, la selección de los cuidadores, etc”, asegura Forttes.

El programa Chile Cuida, junto con otras iniciativas, permitirán articular un Sistema Nacional de Cuidados de calidad con una cobertura nacional que se dará de forma progresiva para los personas mayores y para las mujeres cuidadoras.

“Uruguay tiene una ventaja que tiene que ver con la cantidad de población, que les permite hacer un pilotaje mucho más amplio y el desarrollo en materia de derechos y de enfoques. América Latina siempre los ha mirado como un referente muy importante”, afirma Forttes.

En común

Tanto el modelo uruguayo de cuidados como el chileno manejan dos conceptos claves. Centrarse en la perspectiva de derechos es un concepto fundamental que implica poner el énfasis en la persona y el respeto por su autonomía, así como poder elegir cómo ser cuidada, dónde, y que sus prácticas culturales o de vida sean contempladas.

El segundo, es que “toman en cuenta la dupla entre la persona que tiene la dependencia y la que cuida, ambas sujetas de derecho en una política de cuidados”, afirma Adriana Rovira, directora del Instituto Nacional de las Personas Mayores (Inmayores) del MIDES.

 

 

http://www.mides.gub.uy/innovaportal/v/60464/3/innova.front/yo-te-cuido

La Grieta: Sólo 2,6% de hombres del sector privado hacen uso del medio horario por cuidados parentales.

man-933701_640En noviembre de 2013 entró en vigencia la Ley 19.161, de subsidios por maternidad y por paternidad para trabajadores de la actividad privada. Dos años después, en octubre de 2015, se presentó el informe Avanzando hacia la corresponsabilidad en los cuidados: análisis de las licencias parentales en el Uruguay, elaborado por las investigadoras en sociología de género Karina Batthyány, Natalia Genta y Valentina Perrotta. Una de las principales conclusiones apunta a que a pesar de que aumentó el número de solicitudes de subsidios de trabajadores en el sector privado, los hombres que hacen uso de éstos sólo representan 2,6% en el caso de los cuidados parentales.

La ley se creó en el marco del diseño del Sistema Nacional de Cuidados con el objetivo de garantizar el derecho al cuidado de las personas trabajadoras del sector privado. La ley amplió de 13 a 14 semanas la licencia por maternidad, extendió la licencia paternal (que puede llegar a 13 días en el caso de trabajadores dependientes de la actividad privada) y estableció por primera vez en el país un subsidio de medio horario para el cuidado del bebé, que puede ser ejercido tanto por el padre como por la madre hasta los seis meses del hijo o la hija.

La licencia por maternidad y su duración son de carácter obligatorio, mientras que la licencia paternal y el subsidio de medio horario para cuidados son voluntarios. La ley se aplica a los trabajadores con cobertura del Banco de Previsión Social, trabajadores dependientes de la actividad privada, trabajadores no dependientes con una persona empleada y titulares que pagan monotributo.

En números

Según los datos del informe, en 2013 se solicitaron 15.534 subsidios por maternidad, 532 por paternidad y 442 por cuidados. Al año siguiente fueron 16.281, 8.799 y 6.258, respectivamente. Respecto del incremento de los subsidios por maternidad, las investigadoras sostienen que el aumento de 5% evidencia que “la nueva normativa no ha implicado un uso significativamente más importante en comparación con los años anteriores”.

Por otra parte, se señala que el hecho de que los subsidios por paternidad representen la mitad de los solicitados por mujeres podría deberse a que “un número de mujeres se haga cargo sola del recién nacido porque los padres están ausentes en el momento del nacimiento”, a pesar de que afirman que “la razón más importante” en la explicación de la diferencia es que el derecho “no es ejercido por una proporción significativa de padres”. Al respecto señalan que el subsidio por maternidad es claramente más antiguo y “probablemente más conocido por la población”. Aseguran que “es probable también que el mercado laboral sea más resistente a respetar este derecho de los padres varones, presionando para que no se ausenten del ámbito laboral”.

En cuanto a los subsidios por cuidados parentales, que también son inferiores al número de subsidios por maternidad (representan 38% de éstos), las investigadoras sostienen que la cifra implicaría que “una importante proporción de madres no hacen uso del medio horario por cuidados, aun considerando que puede ser el padre quien lo ejerza”.

En relación con la distribución por sexo de la población usuaria de este subsidio, los datos indican un uso muy menor por parte de los varones, quienes representan 2,6% de los casos. Las investigadoras sostienen que al tratarse de un derecho transferible entre la madre o el padre, la opción mayoritaria es a que lo usen las mujeres. “Los antecedentes indican la presencia de un rígido contrato de género en las representaciones sociales respecto del cuidado de niños y niñas. Más de la mitad de la población uruguaya opina que las madres están obligadas a cuidar personalmente de hijos e hijas menores de un año, mientras que sólo una tercera parte cree que los padres tienen la misma obligación”.

Los trabajadores independientes en Uruguay representan 26,2% del total de trabajadores (29,2% en el caso de los varones y 22,4% en el caso de las mujeres, según datos de 2015 del Instituto Nacional de Estadística). Sin embargo, del total de solicitudes por subsidios de maternidad otorgadas en 2014, 2,7% corresponden a trabajadoras no dependientes. En el caso de los subsidios por paternidad, los trabajadores no dependientes representan 0,8%. En el caso del subsidio por cuidados, las cifras no superan el 1%: son de 0,8% para las mujeres y de 0,6% para los varones.

En contexto

En América del Sur las licencias por maternidad son en su mayoría de 12 semanas, aunque Brasil, Chile y Venezuela alcanzan las 17 y 18 semanas. Las investigadoras señalan que teniendo en cuenta ese marco, “la extensión de la licencia maternal para el sector privado de 13 a 14 semanas no representa un aumento sustantivo” y “responde en la mínima expresión a la recomendación de 14 semanas de la Organización Internacional del Trabajo”.

http://ladiaria.com.uy/articulo/2016/3/la-grieta/