Cuidados: “una ventana de oportunidad” para generar transformaciones

1En marzo pasado, Juliana Martínez llegó a Uruguay invitada por el Programa de Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD) para dialogar con instituciones y actores involucrados en la construcción del Sistema Nacional Integrado de Cuidados en nuestro país.

Por Isabel Pérez

La República de las Mujeres aprovechó la oportunidad para acercarse a su perspectiva del proceso local en la construcción de esta política pública que es seguida con atención por la región.

Juliana Martínez nació en Uruguay y vive actualmente en Costa Rica, aunque ha dedicado en gran medida su trabajo profesional a la mirada regional de los regímenes de bienestar y de política social, sus procesos de formación y sus implicaciones para la desigualdad socioeconómica y de género.

En los últimos años consagró una parte de su trabajo al estudio específico de la reorganización de los cuidados en América Latina. Entre sus investigaciones actuales se encuentra el estudio de los “Determinantes sociopolíticos de las políticas públicas de conciliación vida familiar y laboral en cinco países de América Latina”, entre los que se encuentra Uruguay.

Experiencia de avanzada en la región

¿Con qué impresión general te vas respecto del proceso uruguayo en la construcción de una política de cuidados?

Es la experiencia más avanzada en esta materia en América Latina. Me voy con la impresión de que se está ante una ventana de oportunidad enorme: el Sistema Nacional Integrado de Cuidados (SNIC) es producto de un proceso de muchos años, con participación de múltiples actores estatales y de la sociedad civil, fue la propuesta más importante de política social realizada por parte de Tabaré Vázquez en la campaña electoral…

Cuenta con legitimidad social y hay expectativas importantes respecto a la contribución que este sistema pueda hacer al bienestar de la población. ¡Poco más se puede pedir! Esta ventana de oportunidad necesita ser aprovechada tanto como sea posible. Después de todo, las ventanas de oportunidad se abren pero también se cierran, no se pueden dar por sentado.

¿Crees que una vez puesto en marcha el sistema modifique la organización actual del cuidado?

¡Por supuesto! En la medida en que el sistema se plantea simultáneamente promover una reorganización de los cuidados que permita reacomodar responsabilidades y tiempos. Por un lado, del ámbito familiar-femenino a un involucramiento estatal, pero también de las empresas y de otros actores como los sindicatos.

Por otro, de los cuidados como responsabilidad femenina a sumar también a los hombres como corresponsables en los cuidados de niños, niñas, personas adultas mayores y personas con discapacidad.

¿Dónde estarían las claves, en la construcción de ese sistema en Uruguay, para que eso suceda o no?

Lograr esta reorganización es un proceso de mediano y largo plazo, y un asunto clave es cuán ambiciosa sea la trayectoria que el Sistema se plantee.

De unas medidas específicas a una reorganización de los cuidados, hay un camino que andar que dependerá de múltiples fuerzas y concepciones sobre cómo avanzar. Creo además que es fundamental pensar en clave universalista, es decir, de una reorganización de los cuidados de la sociedad en general, sectores medios incluidos.

Alertas a considerar

En una nota que brindaste recientemente al periódico uruguayo “La Diaria”, decías que “La sociedad uruguaya tiene cada vez menos oportunidades de construir cohesión social en espacios de política pública”. ¿Cuáles son las alertas que deben prenderse frente a esta falta de oportunidades que visualizas?

Las políticas públicas emergentes -como la de cuidados precisamente- brindan oportunidades para lograr mayores grados de cohesión social que las políticas existentes. Claro que ello ocurre en un cierto marco de restricciones y posibilidades. Después de todo, lo nuevo también se apoya en lo existente y lo existente está bastante diferenciado. Pensamos en la calidad de la educación pública entre barrios y el hecho de que una parte de la población lo resuelve en lo privado.

En una entrevista que te realizara el periódico argentino “Página 12” en 2014, señalabas que en América Latina este tipo de políticas no habían llegado a la agenda gubernamental desde los movimientos sociales, sino más bien como respuesta de los gobiernos a ciertas preocupaciones –la baja natalidad y falta de fuerza productiva calificada en el caso de Uruguay-. No obstante, las preocupaciones de gobierno presentan tensiones. En este país, el primer instrumento de política pública que propuso trabajar la corresponsabilidad en los cuidados fue el Plan de Igualdad de Oportunidades y Derechos, elaborado por el Instituto Nacional de las Mujeres en 2007. En gran medida las mujeres del partido de gobierno fueron quienes pusieron el SNIC en su Programa y en la agenda. Sin embargo, en la actual propuesta institucional, ese instituto ocupa un lugar relegado en las decisiones: integra con voz pero sin voto la Junta Nacional de Cuidados. En ese escenario, ¿cuáles te parece que son los desafíos a la interna del propio gobierno?

Creo que la trayectoria que lleva a colocar en la agenda pública el tema de los cuidados en Uruguay proviene fuertemente de la sociedad, que por cierto se expresa en los partidos políticos y concretamente en el partido de gobierno.

Es una diferencia fundamental entre Uruguay y otras experiencias nacionales, esto es indudable. Pero también lo es que el eco que encuentra esta agenda en actores estatales y sociales es porque la agenda de los cuidados como derecho humano – tanto el derecho a ser cuidados y cuidadas como a cuidar – tiene eco en otras agendas, como es la de la productividad y la de la baja tasa de natalidad. Igualdad y eficiencia económica se encuentran en unos asuntos y hacen cortocircuito en otros.

Después de todo, la desigualdad de género – con todos sus matices en la manera en que esta desigualdad se expresa en distintas partes del planeta – es una desigualdad universal, sumamente resistente a ser transformada, en particular en el plano más íntimo de la organización de las familias y de los cuidados. Y a la vez el Sistema Nacional Integrado de Cuidados es tan arena de disputa como lo es cualquier política pública que distintos actores buscan moldear y definir en sucesivas interaciones.

Ahora, no me imagino una política de cuidado exitosa que no sume a las organizaciones de mujeres y a los mecanismos estatales de la mujer. No tendría mucho sentido dejar por el camino un motor de cambio tan poderoso, siendo que los vetos al cambio son también poderosos.

¿Qué cometidos debiera tener el organismo rector en políticas de género en este tipo de iniciativas?

Hilvanar, hilvanar e hilvanar mensajes, políticas, medidas, esfuerzos; ver por el “bosque” e ir ayudando a que cada árbol haga lo propio; sumar árboles a este bosque…

Desafíos del vínculo gobierno-sociedad civil

¿Por dónde crees que van los desafíos del vínculo gobierno-sociedad civil en esta etapa de diseño e implementación del sistema?

Creo que un desafío importante es trascender la tentación que tiene todo gobierno de distanciarse de la sociedad civil para tener su espacio de manejo técnico e institucional propio, y la tentación que tiene toda sociedad civil organizada de ponerse en la vereda de enfrente de los cambios promovidos desde el Estado.

El gobierno necesita que le estén recordando compromisos, visiones, acuerdos; también interrogantes, pendientes, déficits. La sociedad civil organizada necesita aprovechar esta ventana de oportunidad única que vive el país en esta materia.

¿En qué puntos consideras que se encuentran los desafíos de la sociedad civil organizada para lograr una incidencia efectiva, para empujar las decisiones de política a un resultado que impacte en la desigualdad de género?

No podría decirlo, no estoy tan familiarizada con cómo la sociedad civil organizada busca incidir en este proceso como para emitir un criterio.

¿Cuánto crees que el diseño de una política pública y la forma en que se institucionaliza, inciden en sus resultados posteriores?

¡Mucho! El día uno de una política los márgenes de acción son mucho más amplios que el dos o el tres; cada decisión condiciona la posterior. Por eso es importante no solo definir objetivos y resultados de corto plazo sino trayectorias en función de las “zanahorias” de mediano y largo plazo que, queramos o no, se van generando al buscar esos objetivos de corto plazo.

El cambio cultural pendiente

¿Cuál es a tu visión la disputa simbólica y cultural más importante en todo este proceso?

Hay dos. Una que tiene que ver con si esto que el Estado hace al crear el Sistema Nacional Integrado de Cuidados es para quienes tienen necesidad económica o si es para toda la sociedad, incluyendo quienes pueden no ser pobres de ingresos pero sí lo son de tiempo.

Para que el sistema haga huella, sus principales componentes tienen que tender puentes entre distintos sectores sociales aún cuando, por supuesto, se recurra a instrumentos de afirmación positiva de poblaciones vulnerables para lograrlo. Pero si el sistema fuera principalmente para quienes no pueden pagar, seguirá abonando a una sociedad que incorpora a la gente mediante carriles marcadamente distintos según sean pobres o no.

La disputa por el universalismo es una preocupación central. La otra tiene que ver con visiones deseables de la masculinidad en tanto cuidadora y en realidad también autocuidadora. Para que los hombres se vuelquen a cuidar, por ejemplo a niñas recién nacidas, además de cambios en los mercados laborales y otros de tipo estructural, es preciso promover escalones de cambios que permitan llegar allí.

En particular debería incluir un modelo de hombre autosustentable, ¿no? Es decir, de hombre capaz de cuidarse a sí mismo al igual que lo hacen la mayoría de las mujeres adultas en tanto tienen capacidades para prepararse alimentos, hacer la limpieza, tener lista la ropa.

Me parece difícil que un hombre tradicional, relativamente incapaz de valerse por sí mismo en cuestiones básicas de su propia reproducción, pueda fácilmente asumir los cuidados de otros… hay un salto muy grande. Hay una disputa simbólica y cultural porque los hombres sean tan maleables y dispuestos al cambio en materia de la esfera doméstica, como las mujeres lo hemos sido siendo presidentas o llegando a la luna.

Fuente: http://www.republica.com.uy/una-ventana-de-oportunidad/564953/

Foto: Juliana Martínez