Día del bebé: Tres hilos para tramar los cuidados

Presentación de Eliana Berrutti, integrante de la Red Pro Cuidados, realizada el 27 de setiembre de 2021 en el Día Nacional del bebé El tiempo del bebé es ahora”, dentro del eje «Corresponsabilidad en la crianza: padres, familias y sociedad»

TRES HILOS PARA TRAMAR LOS CUIDADOS

El presente trabajo representa reflexiones dadas en el contexto de la Comisión Infancia de la Red Pro Cuidados. La Red Pro Cuidados (RPC) funciona desde 2013.  Está integrada por personas, organizaciones  y colectivos que denunciaron la existencia de un «déficit de cuidados» en la sociedad, instalaron en la agenda pública el concepto de cuidados como derecho y reivindicaron la necesidad de una acción pública estatal en la materia.

La Red Pro Cuidados se propone articular esfuerzos y movilizar recursos para acompañar, tanto a personas como a organizaciones sociales, en el desarrollo del Sistema de Cuidados a partir del principio de corresponsabilidad entre varones y mujeres, entre el Estado, las familias y las comunidades, así como el reconocimiento del cuidado como un derecho humano fundamental.

El objetivo principal de la RPC es promover el intercambio entre las personas, organizaciones e instituciones, para velar por un Estado que garantice a la población el derecho a ser cuidada y cuidar en condiciones dignas. Para ello se apoyó la implementación del Sistema Nacional Integrado de Cuidados con perspectiva de género, rectoría estatal, universalidad, intersectorialidad, descentralización territorial y con participación de la sociedad civil.

La Red Pro Cuidados funciona a través de un plenario quincenal y comisiones de trabajo temáticas: infancia, personas mayores, discapacidad y género. También dispone de una Mesa Coordinadora para el seguimiento de las tareas encomendadas.

Como principales acciones de incidencia, se promueve:

  • el contacto permanente con las autoridades gubernamentales y parlamentarias para realizar propuestas constructivas y dar seguimiento a las políticas públicas de infancia, discapacidad, personas mayores y género.
  • la articulación con distintas organizaciones y colectivos sociales, redes territoriales y colectivos de segundo grado.
  • la participación en foros y grupos de trabajo de organismos internacionales.
  • la organización de eventos informativos, de discusión y reflexión con actores de la sociedad civil y de los distintos niveles de gobierno (nacional, departamental y municipal).
  • la difusión pública y sensibilización social sobre el derecho a los cuidados, novedades y reivindicaciones sobre la marcha del Sistema de Cuidados a través de distintas plataformas de comunicación.
  • Representación institucional en el Comité Consultivo del Sistema de Cuidados y en el Consejo Nacional de Género.

Tramar los cuidados

Durante mucho tiempo hemos reafirmado que el ambiente cuidador por  excelencia, no solo en las etapas tempranas sino durante toda la infancia y  adolescencia, es la familia, demostrándose los daños y niveles de sufrimientos que  NNA vivencian frente a medidas alternativas al cuidado familiar, como la institucionalización en centros de atención de 24hs dedicados a la protección de la infancia y adolescencia.  Sin embargo, desde los conocimientos teóricos aportados, desde los datos recogidos en nuestro país y desde la propia experiencia que los trabajadores y trabajadoras del campo social y educativo recogen a diario, se evidencia que la familia puede configurarse como el escenario de mayor despliegue de vulneraciones hacia las infancias y adolescencias. El ámbito privado familiar puede sostener los hechos más importantes de desprotección y sufrimiento para NNA (informe SIPIAV 2020): violencias, malos tratos físicos y psicológicos, abusos, descuidos, exposiciones a situaciones de riesgo. 

Del informe presentado por SIPIAV de la actividad del 2020 se desprende que:

  •  las situaciones de violencia detectadas son crónicas y recurrentes (en el 75% de los casos es recurrente)
  • el 91% de los agresores son familiares directos de NNA o integran el grupo de convivencia. 
  • 386000 niños, niñas y adolescentes son víctimas directas por ser testigos de situaciones de violencia basada en género dentro de sus hogares. 

Si bien estos datos no son una novedad, es impactante observar esta permanencia en esta problemática que refuerza la importancia de trabajar en el interior de la familia. Pensar en los cuidados implica abrir ese ámbito de lo privado ya que es una responsabilidad que tenemos como sociedad. 

Frente a esta realidad, que brinda solo una mirada de todas las posibles aristas de las formas de desamparo que pueden vivir NNA, quisiéramos pensar que  además de una familia sensible (y más aún en los casos donde ésta encuentre dificultades en este sentido) se requiere de una comunidad sensible que cuide, proteja, garantice y posibilite los cuidados, brindando la certeza de protección y seguridad que NNA necesitan para su sano desarrollo. Por estas razones, decimos que los cuidados de NNA no pueden garantizarse si no se lleva a cabo de una manera colectiva que nos involucre a todos y todas desde los diversos niveles de la sociedad: familias, Estado, comunidades y el sector privado. 

En este sentido, nos gusta traer a Deligny1, un educador francés, que trabajó en instituciones de puertas abiertas y en redes de acogida para niños, niñas y adolescentes en conflicto con la ley o con padecimientos psíquicos. En su libro “Semilla de crápula” de 1945, plantea de forma provocadora que hay tres hilos que habría que tejer conjuntamente: el individual, el familiar y el social. Continúa  diciendo que el familiar está un poco deteriorado y el social lleno de nudos, por lo que uno/a, (refiriéndose a uno como educadores/as que trabajan en la protección y cuidado hacia infancias, adolescencias y personas que viven la exclusión por diversas razones) teje solo el individual y termina haciendo “un bordado artificial y frágil”. Queremos partir de esta imagen, para pensar el tema de los cuidados, pensando en esta trama que necesitamos entretejer y fortalecer, evitar como dice Deligny tejer solo el individual porque lo que encontramos en los otros hilos es demasiado complejo. Hay algo de este tejido que debe estar presente en el pienso de los cuidados.

Es en este sentido que hablamos de corresponsabilidad en los cuidados, entendiéndose  como un derecho humano fundamental para el desarrollo y crecimiento individual y colectivo. “El cuidado proporciona tanto subsistencia como bienestar y desarrollo. Abarca la indispensable provisión cotidiana de bienestar físico, afectivo y emocional a lo largo de todo el ciclo vital de las personas (…) La especificidad del trabajo de cuidados es la de estar basada en lo relacional, ya sea en el marco de la familia o por fuera de ella.” (K. Batthyany, N. Genta y V. Perrotta. 20132). El cuidado se encuentra ligado al concepto de autonomía progresiva, la universalidad y la perspectiva de género y derechos de los NNA. Resulta necesario pensar el los cuidados como derecho, situándose como aspecto fundamental para el desarrollo físico y simbólico de las personas dependientes. Entendiéndolo, asimismo, como función social que promueve la autonomía y la proporción de asistencia. Ya que los cuidados son una necesidad básica indispensable para vivir en condiciones de dignidad, se vinculan en forma interdependiente con otras necesidades, por esta razón aparecen relacionados con otros temas de protección social (vivienda, salud, educación).

El “sistema de cuidados” que ha funcionado tradicionalmente es el de los cuidados privados, familiares, recayendo principalmente en las mujeres. Es necesario visibilizar la diversidad de familias y en ellas a la multiplicidad de arreglos de cuidados familiares existentes que siempre dependerá de las posibilidades de redes que cada núcleo teje individualmente para dar respuestas a sus necesidades. En este sentido traemos una investigación3 realizada en 1992 en Reino Unido donde se detectaron más de 70 tipos de arreglos familiares para los cuidados que llaman «Stepfamilies solidarities». 

Si  pensamos en los modos en que cada familia uruguaya resuelve los cuidados de los niños y las niñas probablemente encontremos también una diversidad muy grande en ese sentido. A nivel comunitario observamos cómo las comunidades diseñan estrategias propias para dar respuesta de forma solidaria a las carencias de soluciones de cuidados a las cuales se enfrentan las familias con niños/as pequeños/as. Al mismo tiempo que estos movimientos a nivel comunitario implican la construcción de una red de sostén muy importante (donde se da respuesta en lugares donde muchas veces el Estado está ausente, por ejemplo medio rural), también resultan, en muchos casos, un reforzamiento del lugar de la mujer responsable de los cuidados afectando su proyecto personal, educativo, laboral y su inserción como ciudadana plena, lo que al mismo tiempo disminuye las posibilidades de estímulo y desarrollo hacia sus hijos e hijas.

De esta manera, es necesario enfatizar en que esta perspectiva implica una mirada de  género, que proponga modos equitativos y trabaje en la deconstrucción de  estereotipos y roles que implican distribuciones de tareas y modelos vinculares que  afectan la capacidad de ejercer el cuidado de forma integral. El debilitamiento de una política de cuidados repercute directamente en la desigualdad de género, ya que implica la construcción de estrategias de cuidado que se llevan adelante mediante el compromiso que las mujeres asumen como tarea asignada sin cuestionamiento. Hemos visualizado el movimiento que las mujeres han realizado extendiéndose hacia el trabajo remunerado aunque continúan sosteniendo conjuntamente el trabajo no remunerado y doméstico. 

Esto ha llevado a las desigualdades en relación a la participación económica, social y política de las mujeres. Además, esto puede verse también en niñas y adolescentes mujeres que ven limitados el desarrollo pleno de sus derechos al recaer sobre ellas responsabilidades de cuidados, por ejemplo de hermanos o hermanas pequeños/as. Esto trae como consecuencia para las mujeres, la inserción en el ámbito laboral de una forma más precarizada, consecuencias a nivel del desarrollo académico y profesional y reducción en el tiempo libre y todo esto repercute en su calidad de vida.4 Las desigualdades de género se profundizan en los contextos de pobreza, incluso en contextos medios donde los ingresos resultan insuficientes para la contratación de servicios de cuidado.

Existe un dato muy importante en este tema que tiene que ver con el factor  generacional, y tiene que ver con los embarazos adolescentes que en nuestro país son de un número elevado. Esto se suma en la problemática de las desigualdades de género y que además se encuentra ligado a condiciones de pobreza (Condon, F. y Pérez, C., 20145), que significa un gran desafío para el sistema de salud y educación.

En este sentido, resulta imprescindible apoyar a las familias para asegurar estos cuidados mediante prestaciones y ofertas de servicios de calidad que atiendan a NNA compartiendo el tiempo de cuidado junto con las familias. 

Además, para la promoción y protección a las infancias y adolescencias, como sociedad necesitamos la existencia de un marco jurídico que sostenga y respete sus necesidades y que comprometa al Estado a garantizar el ejercicio de sus derechos. En nuestro caso está encuadrado por la Convención Internacional de los Derechos del Niño, ratificada por el Estado uruguayo en el año 1990, la Ley 17.823 “Código de la Niñez y Adolescencia” (CNA) promulgada en el año 2004, la Ley General de Educación (Ley Nº 18.437) resulta una ley importante ya que a nuestro entender, desde la Red Pro cuidados sostenemos que educación y cuidados van de la mano (a partir de esta Ley se marca a la primera infancia como la etapa donde se inicia el proceso educativo de las personas). Y otra Ley que respalda es la Nº19.353 que crea el Sistema Nacional Integrado de Cuidados y define los principios sobre los cuales debe implementarse.

Desde esta perspectiva, cabe señalar, que la Convención, fue un hecho que movilizó con respecto a la construcción de marcos conceptuales, generando la posibilidad de consensuar en la idea de visualizar a las niñas y niños como sujetos de derecho, que requieren cuidados y derechos especiales. En lo referente a la primera infancia, esta idea implica un particular desafío ya que debido a los requerimientos de la etapa en mayor dependencia con el entorno y las personas cuidadoras, algunos modos del lenguaje como la tradicional denominación “bebés” puede dejar entrever una perspectiva tutelar que debería estar ya superada desde la Convención. Desde la Red Pro Cuidados se entiende que al hablar del sujeto en estas etapas tempranas implica pensarlo desde la plenitud de sus derechos desde el nacimiento y en privilegiar el interés superior como uno de los principios fundamentales a defender. En este sentido, proponemos reflexionar sobre esta forma del uso del lenguaje que tiende a inclinarse simbólicamente a una concepción que disminuye y fragiliza al sujeto. 

Lo que respecta al sector privado (sector empresarial/mercado), es otras de las aristas importantes en lo que respecta a la corresponsabilidad en la crianza. En este sentido es importante el sentido universal que requiere pensar en un sistema de cuidados, regulando la calidad de los servicios a nivel de toda la oferta que se brinda. Además, importa no solo por los servicios que brindan sino también por lo que implica en relación a la reglamentación que está vigente e intenta acompañar los cuidados en relación a la regulación del tiempo como son las licencias, flexibilidades horarias, etc. 

Los centros educativos y de cuidados ofician como espacios protectores para niños y niñas ante eventuales vulneraciones de sus derechos. Para esto es necesario tomar en cuenta los estándares de calidad así como las garantías de aplicación del servicio como son el ratio adulto-niño, criterios de integración, trabajo con familias, y aspectos materiales como la locación, accesibilidad, condiciones del centro, etc. Un aspecto sumamente relevante es el perfil de quienes cuidan, su selección, formación, actualización profesional y monitoreo. En relación a esto uno de los puntos claves es la formación necesaria para quienes ocupan roles de cuidado y educativos. 

Resulta importante también resaltar que para la primera infancia, en nuestro país existen marcos curriculares oficiales, que implican acuerdos unificados para el ciclo que va desde el nacimiento hasta los seis años, independientemente de quién sea el prestador del servicio. Esto implica tener orientaciones curriculares, implementación de espacios, programas y modalidades comunes. 

Por otra parte, actualmente los servicios privados brindan atención a un gran número de NNA. A su vez, hay experiencias que articulan ofertas estatales en servicios privados como las Becas de Inclusión Socioeducativa y los convenios SIEMPRE donde empresas asumen la responsabilidad del cuidado de hijos e hijas de sus trabajadores/as (enmarcados en el SNIC)

Para finalizar, volvemos a la imagen de Deligny, para centrar el planteo de corresponsabilidad en la crianza como un trabajo conjunto que implica un esfuerzo del Estado, las comunidades, las familias y el sector privado. Trabajando en el fortalecimiento del entretejido interinstitucional e intersectorial que requiere una tarea de esta  complejidad ya que abrir la línea de los cuidados, implica pensarlo de forma dentro del sistema de protección social (junto con la salud, la educación y la seguridad social). 



  1. Fernand Deligny (1913-1996) nacido en Francia, se dedicó al trabajo en instituciones de puertas abiertas y a redes de acogida para niños, niñas y adolescentes en conflicto con la ley o con padecimientos psíquicos. “Semilla de Crápula” publicado en 1945, configura un “antimanual de pedagogía” donde desarrolla consejos, mensajes y reflexiones para educadores. Este es uno de sus primeros libros que lo posiciona como un referente para la educación de su tiempo y el actual.
  2. Batthyány, K. (coord.), Genta, N. y Perrotta, V. (2013). La población uruguaya y el cuidado. Análisis de representaciones sociales y propuestas para un sistema de cuidados en Uruguay. Sistema Nacional de Cuidados. Documento elaborado en el marco del proyecto ―Hacia un Sistema Nacional de Cuidados: representaciones sociales de la población y propuestas para el cuidado de los dependientes. Montevideo: ANII, UNFPA, ONU Mujeres, CEPAL, DS-FCS UdelaR.
  3. De’ Ath, E. (1992) Stepfamilies in the context of contemporary family life, in E.De’ Ath (ed.) Stepfamilies: What do we know and What do we need to know? Croydon: Significant Publications.
  4. Onumujeres México e Instituto de Liderazgo Simone de Beauvoir, 2013.
  5. Condon, F. Pérez, C. (2014). “Niñas, niños y adolescentes privados del cuidado de sus familias o en riesgo de estarlos en las políticas de cuidado”. Proyecto Equidad de género y generacional en las políticas de cuidado de niñas, niños y adolescentes. Montevideo: Aldeas Infantiles, IACI, INAU, Unión Europea.