Para lograr la igualdad, tienen que comprometerse los hombres

BRECHA DE GÉNERO EN CUIDADOS

Por: Isabel Villar

VALENCIA 23/5/2016 Jornada Bretxes de Gènere.

La del título es una conclusión muy concreta del análisis de la brecha de género en cuidados, a la que arriba y que expuso en Montevideo la socióloga Marcela Jabbaz, para quien las raíces estructurales de la desigualdad anclan precisamente en esa brecha. Ejemplos de la narrativa de mujeres y hombres al respecto ilustran las tensiones que existen al interior de las parejas.

Marcela Jabbaz es argentina y reside en España. Doctora en Sociología, participa de un equipo de investigación de brechas de género en Europa. Invitada por La Facultad Latinoamericana de Ciencias Sociales (Flacso) Uruguay, desarrolló en Montevideo los principales resultados de un proyecto que, conjuntamente con Capitalina Díaz desarrolla en la Universidad de Valencia, España, sobre “La brecha salarial y la brecha de cuidados. Dos factores de desigualdad de género“. Participan también las universidades Complutense de Madrid, Autónoma de Barcelona y la del País Vasco, Politécnica de Cartagena, Universidad de Islandia y el Centro Noruego de Investigación Social.

El trabajo se concentra en hogares constituídos por parejas heterosexuales (que en España abarcan el 80% de la población), de doble ingreso, es decir aquellas en las que tanto el hombre como la mujer trabajan remuneradamente.

En ese contexto se estudia la brecha salarial de género, que persiste incluso en países modélicos en cuanto a igualdad, como Islandia y Noruega. Esta constatación llevó a Jabbaz a considerar que hay que recentrar el debate al respecto y buscar el origen de todas las brechas de género, que encuentra precisamente en las desigualdades que a nivel familiar se verifican en materia de cuidados.

No alcanza con más cobertura pública

Desde un enfoque macro, “las brechas de género están relacionadas y la de cuidados es la originaria“, afirma Jabbaz, explicando también que desde un enfoque micro hay que identificar “cuáles son las tensiones en torno al cuidado que se generan en las parejas de doble ingreso“. Dicho de otra manera, ´´las raíces estructurales de la desigualdad anclan en la brecha de cuidados´´ y lo primero es avanzar en la igualdad de las familias, a partir del hándicap de cuidados que tienen los varones.

“El cambio tiene que ser transversal y cultural. No alcanza con que el Estado haga guarderías“. La mayor cobertura pública puede disminuir el volumen de los cuidados, pero no influirá en la brecha de género al respecto. “Para lograr la igualdad tienen que comprometerse los hombres“, asegura Jabbaz.

Al comparar brechas existentes en países con avance dispar en igualdad de género como España e Islandia, se encontraron sin embargo similitudes en las mismas. En Islandia aparentemente no habría razón para la brecha salarial, pero se mantiene. El techo de cristal, el piso pegajoso y otras desigualdades pesan sobre las mujeres en todas partes.

Las percepciones no coinciden

Jabbaz explica que los primero es desmenuzar en qué consiste el trabajo de cuidados y las tensiones que aparecen entre quienes los brindan en el entorno familiar.

Una encuesta telefónica realizada en España , mostró que las percepciones de hombres y mujeres no coinciden.

En la narrativa masculina se escucha: “Ellas tienen el chip y nosotros no“; “Si estamos sentados, yo no le pido que me traiga un vaso de agua como hacía mi suegro“; “Mi padre no hacía nada y yo sí que hago“; “Encima de que plancho va y me dice que lo hago mal!. Pues como yo le digo: si lo hago yo, lo hago a mi manera y tú te callas“; “Es que ella quiere que haga las cosas pero a su manera y me dice que no sé colgar la ropa“.

Los varones se ven a sí mismos haciendo más que sus padres, lo que es cierto. Entonces se quejan de que pierden la admiración de su pareja porque evidencian torpeza en la realización de las tareas.
Ellos sienten que han evolucionado mucho, mientras que las mujeres consideran el cambio como absolutamente insuficiente y alegan: “Tengo que decir yo lo que se tiene que hacer“; “Qué haría él sin mí“; “Cuido más yo de sus padres que él, siempre le tengo que decir que les llame´´; “Hace algo y quiere que le aplauda“….

Si bien la cuestión biológica siempre aparece, en la distribución real de las responsabilidades incide la cantidad de dinero que aportan al hogar hombres y mujeres, lo cual cierra un círculo tóxico porque justamente las carreras de las mujeres están limitadas por la brecha de género en cuidados. Hay mujeres que dicen haber optado por tener jornada parcial de trabajo remunerado para estar más con hijos e hijas. Pero hay otras que no quieren perder el espacio que conquistaron y entonces aparecen las tensiones y conflictos.

Visibilización y valoración de las tareas

Jabbaz insiste en analizar las tareas que incluyen los cuidados, dentro de las que las hay visibles e invisibles aún para las propias mujeres: sólo el 21% reconoce que sobre ellas recae la organización de los cuidados, el 79% no lo ve.

Los cuidados tienen varias dimensiones: el trabajo ejecutado; el trabajo de planificación, organización y supervisión; el trabajo de acompañamiento o presencia obligada, el de estar disponibles para otros. La dimensión emocional refiere al trabajo de gestión de las emociones y de los vínculos interpersonales.

La investigadora facilitó algunos testimonios de mujeres y hombres de entre 34 y 40 años para visibilizar las dimensiones intangibles y subjetivas del trabajo de cuidados:

“Si nos vamos el fin de semana, de las maletas me encargo yo y si se te olvida algo la bronca es para ti “ (mujer, Madrid, 2015)

´´Las mujeres tienen la responsabilidad principal. Son las directoras ejecutivas de la empresa (hogar) por decirlo así“ (mujer, Oslo, 2015)

´´La mujer es quien se encarga de que se hagan las cosas en casa. El hombre ejecuta las órdenes de la mujer (risas)`´ (hombre, Oslo, 2015)

´´Realmente yo trabajo (remuneradamente) como directora de proyectos, de manera que cuando llego a casa simplemente lo soy también (risas)´´ (mujer, Reikiavik, Islandia, 2015)

La brecha de cuidados tiene consecuencias sobre la brecha salarial, y los testimonios aportados por Jabbaz lo muestran:

“Si hay que ir a una reunión del colegio yo soy la que pido permiso y la que voy; si me llaman del colegio por que el niño está malo, la que voy soy yo. El jamás se mueve de su trabajo“ (mujer, Madrid 2015)

“Antes (de tener criaturas) trabajaba por turnos y ahora trabajo de lunes a viernes de ocho a cuatro. Está claro que afecta el salario“ (mujer, Oslo 2015)

“A veces es un poco difícil cumplir con el trabajo y tener niños. Y una escucha que una tiene que estar en casa con los niños, que una no está lo suficiente en casa con los niños y está demasiado trabajando…´´ (mujer, Reikiavik,2015)

Tres brechas interrelacionadas

Jabbaz identifica tres brechas de género: la salarial, la de cuidados y la del tiempo propio, y explica: ´´ La brecha de género en cuidados y su correlativa brecha del tiempo propio, condiciona la disponibilidad de las mujeres (sus posibilidades y opciones) en el mercado de trabajo y, por lo tanto, sus ingresos“. A su juicio, “esto es particularmente negativo en una sociedad mercantilizada y monetarizada“.

En la convicción de que para logar la igualdad, los hombres tienen que cumplir su alícuota de cuidados, Jabbaz enfatiza que “es hora de concientizar sobre las consecuencias del déficit masculino en cuidados“. Ello sin olvidar que los valores igualitarios son un problema cultural y también un problema normativo (hacen falta leyes) y que los cambios tienen que producirse en el ámbito doméstico y en el mundo laboral. “El cambio tiene que ser societal y darse no sólo desde la óptica masculina, ya que podrían generarse alianzas masculinas en las empresas“, advierte.

Hay encuestas sobre el uso del tiempo, que visibilizan las diferencias de disposición entre mujeres y hombres. Un camino sería calcular el uso del tiempo sobre tareas ejecutadas -que es una de las dimensiones del trabajo de cuidados- y valorizar ese tiempo, de manera que se pueda medir cuánto contribuye al menos esa parte del cuidado a las cuentas nacionales.

El mito de la ´´buena madre´´

En el debate que siguió a la presentación de Marcela Jabbaz, apareció también el tema de las familias monoparentales de jefatura femenina, que están entre las más vulnerables. En ausencia del hombre, las mujeres apelan a las redes familiares y sociales con otras mujeres para resolver los cuidados.

“Si no está el hombre, que se note“, se reclamó, ilustrando el desigual tratamiento social de las situaciones: “La madre abandonó a los niños“ se escucha a menudo, pero no hay sanción social para el hombre que no está.

Otro tema que preocupa es la actitud de técnicos que trabajan con la infancia: refuerzan la situación de desigualdad de las mujeres cuando citan a reunión a la madre y aún cuando asista también el padre, se dirigen solamente a ella, como si fuera la única responsable.

También se propuso trabajar con la subjetividad de hombres y mujeres, entre otras cosas para combatir el mito de ´´la buena madre´´, que se constituye en un mandato imperioso de sacrificar todo lo personal por la felicidad de otros. En la balanza para juzgar no aparece la responsabilidad del padre…

Respecto de las mediciones que podrían servir para valorizar las tareas de cuidados, se pidió que se tenga en cuenta no solo la cantidad de tiempo que se dedica, sino la calidad de las tareas que realizan los miembros de la pareja, particularmente los varones.

¿Cómo hacer para avanzar en la corresponsabilidad en cuidados incluyendo al mercado de trabajo? Es otra de las preocupaciones. La negociación colectiva no garantiza la eliminación de la brecha salarial, porque hay segregación y segmentación en ese mercado. Entonces, se considera erróneamente que la corresponsabilidad en el cuidado es “un lujo“ y primero habría que resolver el resto de los problemas.

Presupuesto para el Sistema Nacional de Cuidados

El 1ro. de setiembre pasado, una delegación de la no gubernamental Red Pro Cuidados asistió a la Comisión de Hacienda integrada con Presupuesto del Senado, con el objetivo de reafirmar la importancia de un Sistema Nacional de Cuidados con presupuesto suficiente.

La delegación expuso y entregó una misiva a las y los integrantes de dicha comisión, que da cuenta del accionar y preocupación de la Red “por las insuficiencias y/o carencias de cuidado que experimentan las personas dependientes (niños y niñas, mayores y discapacitadas) y por las inadecuadas condiciones en que las personas –generalmente mujeres- que brindan dichos cuidados deben proporcionarlos en la actualidad“.

También hizo incapié en la conceptualización de los cuidados ´´como un derecho tanto de las personas dependientes como de las personas que cuidan, cuyo ejercicio pleno debe ser garantizado por el Estado“, tal como está consagrado en la Ley 19.353 de 2015, que contó con el apoyo de todos los sectores políticos.

Sin perder de vista “las restricciones económicas que enmarcan esta rendición de cuentas y de las dificultades que eso implica para definir las asignaciones presupuestarias´´, la Red solicitó a la Comisión ´´destinar recursos suficientes para que el Sistema Nacional de Cuidados termine de conformarse y pueda cumplir a cabalidad las funciones que le señala la ley que lo creó“.

Finalmente, se recordó que “en la Rendición de Cuentas anterior no sólo se le otorgó un presupuesto escaso, sino que a éste se le hicieron quitas muy importantes. En esta ocasión, se confía en que se destinen los recursos necesarios. Esta política compleja e innovadora merece el apoyo de esta Comisión para avanzar en la construcción de una sociedad respetuosa de los derechos de las personas, más equitativa y digna“.

En la reciente inauguración de un CAIF que atiende en horario vespertino- nocturno a hijos e hijas de estudiantes de Canelones, el secretario nacional de Cuidados, Julio Bango, precisó que el presupuesto del Sistema Nacional de Cuidados para este año es de 2.000 millones de pesos, de los cuales un 60 % se invirtió en la primera infancia y el resto en las personas en situación de dependencia. Adelantó también que el presupuesto para 2018 llegará a 2.204 millones de pesos —si así lo sanciona el Parlamento—, lo que permitirá la ampliación de los Centros de Atención a la Primera Infancia (CAPI) existentes y la creación de nuevos lugares, con la contratación de los recursos humanos necesarios para atender situaciones de dependencia.

Fuente: http://www.republica.com.uy/lograr-la-igualdad-tienen-comprometerse-los-hombres/
Foto: http://www.republica.com.uy/lograr-la-igualdad-tienen-comprometerse-los-hombres/

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